A 26 años del Muro de Berlín

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Era 9 de noviembre de 1989 cuando el mundo sufrió un cambio irreversible: la caída del Muro de Berlín. El modelo bipolar que la Segunda Guerra Mundial trajo consigo se vio desmantelado y la política europea sufrió consecuencias de gran calado. Era 8 de febrero de 2016, 26 años después, cuando dos estudiantes de Periodismo decidieron emprender camino y descubrir la capital alemana.

8 de febrero

5 y media de la tarde, Aeropuerto de Barajas, asientos con ventanilla y una compañera de fatigas a mi lado, Rocío Asensio. Tras una larga espera de 63 días desde que compramos el billete, ¡la aventura empezaba!

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Aeropuerto de Barajas

Sobre las 8 y media aterrizamos en Berlín-Schönefeld, entramos en contacto con el frío y nuestra mayor preocupación: ¡¡el idioma!! Encontrar la estación de tren que nos llevase al centro de la ciudad ya fue un reto –aunque no había pérdida-, pero lo conseguimos. El Airport Express nos dejó en Friedrichstraße, donde un chico venezolano de nuestra edad nos ayudó a coger el metro para llegar al hotel.

Segundo reto, encontrar el hotel, tampoco había pérdida pero nosotras le buscamos la vuelta. Aunque tardamos menos de lo esperado, igualmente fue demasiado para la poca complicación que tenía. El trato y la habitación del Happy Bed Hostel fue genial, además, por ser menores de 27 años, tuvimos derecho al desayuno gratis durante los 5 días.

9 de febrero

¡Con muchas ganas y las pilas bien cargadas empezamos a conocer la ciudad! Primera parada: el Museo Judío. Con una arquitectura ultramoderna y diseñada por Daniel Libeskind, trata de lograr la difusión de la cultura judeo-alemana. Entre los espacios más llamativos destacan el Void Void, una especie de callejón con miles de chapas de acero con formas de cara sobre las que se puede pasear, y la Torre del Holocausto, una construcción en plena oscuridad y de gran impacto.

(Pasa el cursor sobre las imágenes para ver el pie de página y haz clic para ampliar)

Después de dos horas de visita continuamos vagando por las calles y, con ayuda de nuestros mapas y las señales de las calles, llegamos a Checkpoint Charlie, una reconstrucción de uno de los pasos fronterizos más famosos (demolido el 22 de junio de 1990). Visitamos también el Museo del Muro, lugar en el que se recopila mucha información sobre las consecuencias de su construcción. Además, cualquier visitante tiene la posibilidad de poder tocar un trozo real de muro, ¡no desaprovechamos la ocasión!

Parada para comer y seguimos. Pasamos por Gendarmenmarkt -considerada la plaza más bonita-, la Universidad, la Catedral y el Museo del Pérgamo. De paso nos encontramos con la plaza en la que el régimen de Adolf Hitler efectuó la quema de libros de 1933, además de la Nueva Guardia, un monumento para conmemorar la derrota sobre las tropas napoleónicas y la liberación de Berlín.

Teníamos que rematar el primer día de una manera alemana y lo hicimos… ¡con cerveza en Alexanderplatz! Probamos la Schöffenhofer y, después, encontramos en un restaurante italiano una Happy hour que decidimos aprovechar. Tampoco se nos olvidó hacer una visita a Primark, parada obligatoria (tiene su anécdota).

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Reloj de Alexanderplatz

10 de febrero

Uno de los días más emocionantes, visitamos el campo de concentración de Sachsenhausen, situado en Oranienburg (Brandenburgo). El recinto plasma la imagen del nacionalsocialismo y las condiciones a las que estaban sometidas los prisioneros. Al adentrarse en las instalaciones se llegan a sentir escalofríos, imposible no pensar en todo lo que ocurrió en el extenso campo. Los lugares más relevantes son el Barracón 38 -un museo que ilustra la vida de los prisioneros judíos-, las celdas de castigo y los barracones de la enfermería, donde se hicieron miles de experimentos y crímenes médicos –esterilización forzosa o asesinato de enfermos-.  Una visita que no deja indiferente, por muchas descripciones que se hagan, nada comparable a la realidad.

Ya era la hora de conocer el Reichstag y la Puerta de Brandenburgo, nada más volver de Oranienburg nos dirigimos allí. Todo un acierto, de casualidad encontramos Unter Den Linde, el bulevar más conocido y tradicional de la ciudad, y el Monumento del Holocausto. Por la noche era bonito, pero volveríamos de día para disfrutarlo mucho más, teníamos hambre y tocaba probar la gastronomía alemana: ¡salchichas!

11 de febrero

El cansancio ya estaba presente, los dos días anteriores habían sido muy intensos y queríamos conocer bien la ciudad. Nos desplazamos de nuevo y visitamos Potsdam. El frío alemán era duro, se pasaba realmente mal y, para nuestra suerte, se sumó la lluvia. Conocimos el Palacio de Sansoucci, el de Cristal y el Puente de los Espías –los más destacado de lo que vimos-, pero nos acordaremos por el frío tan insoportable que tuvimos que pasar.

El tren de vuelta a Berlín pasó a ser nuestro cobijo. Nos bajamos en East Side Gallery, la galería de arte al aire libre del Muro de Berlín situada en la rivera del río Spree. Casi 1 km y medio de la cara este que se salvó del derribo para ser usado con este fin. Como una imagen vale más que mil palabras…cuatro hablan mucho más.

Aprovechamos el tiempo y buscamos el Barrio Judío, donde disfrutamos de las vistas de su Nueva Sinagoga. Sin querer, nos ubicamos una vez más en la Catedral, más bella aún a la luz de la luna. La contemplamos un rato desde el puente, a la orilla del río, el Reichstag nos observaba a lo lejos.

12 de febrero

Último día, parecía mentira que todo se acabase tan rápido, pero decidimos aprovechar la mañana y dejarnos ver por todos los sitios que aún teníamos pendientes. Volvimos a la Puerta de Brandenburgo, al Monumento al Holocausto –que recorrimos con mucho más detenimiento-, al Reichstag y a Alexanderplazt para observarlo de día y, finalmente, emprender la vuelta a España.

A las 8 de la tarde embarcamos en el aeropuerto de Berlín, mucho más seguras y dominando los medios de transporte –el idioma aún no, costará trabajo-. Aunque la organización de la terminal nos pareció bastante pésima, volvimos sanas y salvas a territorio español, con la maleta bastante más cargada y con un enriquecimiento personal mucho mayor.

Parecía imposible recoger en tan poco tiempo tantos buenos momentos, pero se ha quedado corto. Una nueva aventura para recordar, una nueva historia que contar, una nueva experiencia que introducir en el cajón y continuar creciendo. Porque hay que seguir llenando la vida de razones para viajar.

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Berlín, ciudad de contrastes.

Berlín, llena de cicatrices, recuerdo de la historia más reciente y dramática.

Berlín, una metrópoli con carácter especial.

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